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Tradiciones

Antes de Halloween, Aragón ya encendía luces para sus ánimas

Las celebraciones de 2026 recuperan almetas, totones, velas, comitivas y antiguos ritos relacionados con el recuerdo de los difuntos

Antes de Halloween, Aragón ya encendía luces para sus ánimas

Mucho antes de que Halloween se popularizara en Aragón, numerosos pueblos ya reservaban la noche del 31 de octubre y los primeros días de noviembre para recordar a sus difuntos. Era la Noche de las Ánimas, denominada también Nuei d’Almetas en distintos puntos del territorio.

Las ánimas eran, dentro de la tradición popular y religiosa, las almas de las personas fallecidas y, especialmente, aquellas que todavía necesitaban oraciones para alcanzar el descanso eterno. Se creía que durante estas fechas la distancia entre su mundo y el de los vivos se hacía más pequeña.

Las familias encendían velas y lamparillas de aceite para recordar a sus muertos, iluminar el regreso de las almas o ayudarlas a encontrar su camino. También se vaciaban calabazas, se hacían sonar las campanas y, según la localidad, se dejaban determinados alimentos sobre la mesa o se mantenían llenas las tinajas de agua.

No existía una única Noche de las Ánimas común a todo Aragón. Cada localidad desarrolló sus propios ritos, transmitidos principalmente de forma oral y relacionados con la memoria familiar, el miedo, la protección de las casas y la petición de oraciones por los difuntos.

Calabazas aragonesas antes de Halloween

El uso de calabazas vaciadas e iluminadas está documentado en Aragón antes de la popularización contemporánea de Halloween. En lugares como Ayerbe, los testimonios recuerdan que, a finales de la década de 1950 y comienzos de la de 1960, los niños ya transformaban las calabazas en calaveras, les colocaban una vela o una tea y las dejaban en esquinas y muros para asustar a quienes pasaban.

En algunas casas de Ayerbe también se colocaban fotografías de familiares fallecidos junto a una vela elaborada con cera de abeja. La llama permanecía encendida durante toda la noche para orientar a las almas perdidas y ayudarlas a alcanzar la luz eterna.

En Bagüés se llevaban flores al cementerio, se celebraba una misa y se colocaban calabazas en forma de calavera con una vela dentro, tanto en las casas como en las calles. En Ambel, los niños se escondían con sus calabazas iluminadas cerca de la iglesia y del cementerio e imitaban los lamentos de las almas para sobresaltar a quienes participaban en la procesión.

Estas tradiciones aparecen recopiladas en un recurso educativo dedicado a las almetas promovido desde el ámbito de la política lingüística del Gobierno de Aragón.

Judías, agua, pan y campanas para los difuntos

Las calabazas eran solo uno de los elementos de esta noche. En Alquézar se dejaban judías sobre la mesa y, si alguna aparecía separada del montón a la mañana siguiente, se interpretaba que un alma solicitaba tantas misas como judías apartadas había.

En Bardallur se llenaban las tinajas para que las almas no padecieran sed. En Salas Altas, los pellizcos que aparecían en la masa del pan indicaban el número de misas reclamadas por los difuntos, mientras que colocar mal el pan o clavarle un cuchillo podía hacer sufrir a las almetas.

En Almonacid de la Sierra, las campanas de la iglesia sonaban antiguamente durante toda la noche con toques especiales de difuntos. En Fréscano, en cambio, se encendía una hoguera en el campanario de la iglesia.

También está documentada la singular tradición de Crucelós, en el entorno de Adahuesca. Allí se lanzaban piedras sobre el montículo relacionado con el enterramiento de las Abuelas de Sevil. La ofrenda servía simbólicamente para apaciguar a los espíritus y evitar que reclamaran el alma de quienes atravesaban aquel cruce de caminos.

En otros puntos de Aragón se recuerdan costumbres parecidas: mantener luces encendidas durante la noche, colocar alimentos para los difuntos, rezar ante fotografías familiares, visitar los cementerios, relatar historias junto al fuego o hacer sonar las campanas. Algunas desaparecieron y otras han sido recuperadas mediante asociaciones, colegios, ayuntamientos y grupos culturales.

Radiquero mantiene viva su Noche de las Ánimas

Radiquero conserva una de las celebraciones más reconocibles y mejor documentadas de Aragón. Su Noche de las Ánimas está declarada Fiesta de Interés Turístico de Aragón y reivindica expresamente su carácter tradicional frente a Halloween.

El 31 de octubre de 2026 habrá talleres para preparar calabazas y figuras de almetas y totones, reparto de chocolate y torta y una explicación de las mujeres mayores del pueblo sobre estos personajes.

A las 19:30 horas se encenderán las calabazas y comenzará la Triste comitiva hacia el cementerio. Los niños encabezarán el recorrido, seguidos por almetas, totones y las personas que quieran participar con su calabaza iluminada. La jornada terminará con el espectáculo Cuentos de miedo que dan risa, de Pablo Albo, en la iglesia. La organización pide expresamente no acudir disfrazado.

Las luces regresarán también a Trasmoz

En Trasmoz, la celebración de La Luz de las Ánimas regresará el sábado 31 de octubre. El pueblo apagará su iluminación habitual para alumbrar las calles mediante velas y calabazas antes de la procesión de las ánimas benditas.

La organización ha anunciado un mercado artesanal y temático, pintacaras, cuentacuentos, cetrería, magia, malabares, espectáculos y el recorrido nocturno de las calles animadas. Los horarios definitivos deberán consultarse cuando se publique el programa completo.

Tradiciones y actividades en muchos otros pueblos

La Noche de las Ánimas no se limita a Radiquero y Trasmoz. En numerosos pueblos aragoneses se mantienen recuerdos familiares, relatos, calabazas iluminadas, hogueras, campanas, visitas a cementerios y actividades culturales vinculadas a Todos los Santos.

Para 2026 ya se han anunciado propuestas en distintos puntos del territorio. En El Puente de Sabiñánigo y Hoz de Jaca se realizarán talleres de calabazas y recorridos interpretativos; Barbastro prepara una visita especial relacionada con las criptas y el antiguo cementerio de la catedral; Maella llevará su Noche de Ánimas al castillo; y Sabiñánigo ha programado conferencias sobre los ritos funerarios y el viaje simbólico de los difuntos.

A estas localidades se sumarán otros municipios, asociaciones y centros culturales que preparan cuentacuentos, pasacalles, talleres, hogueras, recorridos nocturnos y actividades familiares. Algunas programaciones todavía no se han publicado o se están dando a conocer de manera progresiva, por lo que la agenda continuará ampliándose conforme aparezcan confirmaciones oficiales.

Más allá de sus formas actuales, todas estas celebraciones recuerdan que las calabazas, las luces y los relatos sobre el regreso de los muertos no son elementos ajenos a Aragón. Forman parte de un patrimonio oral y simbólico que durante generaciones ayudó a las comunidades rurales a hablar de la muerte, recordar a quienes ya no estaban y mantener encendida su memoria.

Más información: Noche de ánimas 2026

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