
Triángulo de Amor Bizarro
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Triángulo de Amor Bizarro llevan dos décadas convirtiendo el ruido en una forma de mirar. Nacidos en 2004 en el Barbanza (Boiro como centro gravitacional, A Coruña como periferia inmediata), el trío formado por Isa Cea, Rodrigo Caamaño y Rafa Mallo ha construido una discografía que no entiende la guitarra como un instrumento, sino como una herramienta de tensión: shoegaze, post-punk, noise rock y melodía pop puestos a convivir en el mismo campo de fuerzas, siempre con la sensación de que algo (una idea, un cuerpo, un país) está a punto de romperse.
Su historia discográfica (de “Tiángulo de Amor Bizarro” a “Año Santo”, “Victoria Mística”, “Salve Discordia”, “oɹɹɐzıqɹoɯɐǝpolnƃuɐıɹʇ”, “No eres tú” y “SED”) no se entiende como una escalera de estilos, sino como un único sistema nervioso que cambia de forma sin cambiar de obsesiones: el poder y sus máscaras, la tecnología como distorsión emocional, la épica de lo cotidiano, la violencia (social, íntima, simbólica) y esa mezcla tan TAB de sarcasmo y belleza que consigue que una frase lapidaria pueda sonar, a la vez, a consigna y a estribillo.
En ese recorrido, Triángulo de Amor Bizarro han ido dejando marcas visibles como migas de pan: discos celebrados como puntos de inflexión generacional, giras que los llevaron de los márgenes a los grandes escenarios y un reconocimiento crítico sostenido que cristalizó en premios como el Premio Ruido o los múltiples galardones de MIN. Han cruzado el Atlántico en varias ocasiones, girando por México y Estados Unidos, y han convertido el directo en una extensión física de su discurso: volumen, trance y fricción como lenguaje común. A lo largo de los años, su universo se ha expandido también a través de colaboraciones y relecturas cruzadas (de Sonic Boom a Erik Urano, de Soleá Morente a Carolina Durante) confirmando que TAB no es solo una banda, sino un nodo: un punto de conexión entre escenas, generaciones y formas distintas de entender la disidencia sonora.
En el nuevo capítulo que ahora abren, Triángulo de Amor Bizarro construyen su próximo disco como un sistema de entradas a un mismo territorio. Hay un hilo de folclore entendido donde lo mítico y lo doméstico conviven; una utopía mínima con reglas propias; un relato de resistencia escrito en clave de shoegaze. Esa es la clave del presente de Triángulo de Amor Bizarro: su música no explica el mundo, sino que construye uno propio con las ruinas del anterior. A veces desde la niebla y el ritual; a veces desde la arquitectura luminosa; a veces desde el golpe seco de un recuerdo que vuelve. En todos los casos, el método es el mismo: volumen como emoción. Como si cada canción fuese un fragmento más de una ciudad imposible levantada con distorsión, melodía pop y una ética propia.